miércoles, 27 de junio de 2012

Personajes Favoritos 7: Holly Golightly (El Glamour)

(Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes de Blake Edwards- 1961)



Pocos personajes de la gran pantalla son tan míticos y tan carismáticos como la todavía, más de 50 años después, reina del glamour, Holly Golightly. ¿Quién no recuerda las míticas primeras escenas de "Desayuno con Diamantes", con una adorable Audrey Hepburn bebiendo café y comiendo croasanes mientras con sus gafas de sol y su impecable vestido de fiesta, miraba absorta los escaparates llenos de diamantes del Tiffany´s de la Quinta Avenida de Nueva York? O ¿quién no la recuerda cantando Moon River apoyada en la ventana con su guitarra en mano? Cualquier chica que haya visto "Desayuno con Diamantes" ha fantaseado con ser como Audrey Hepburn en esta cinta, y poder vestir esos increíbles trajes de Givenchy que tan bien lucía la menuda actriz.

Holly Golightly, cuyo nombre real era Lullaby, era una delgaducha y pizpireta joven proveniente del campo que vivía sola en su apartamento neoyorkino, con la única compañía de un gato sin nombre, que hacía la vida imposible a su vecino oriental con sus cotidianas fiestas nocturnas y cuyo pasatiempo favorito era coleccionar amantes,  exquisitos vestidos y desayunar cada mañana frente el escaparate de Tiffany´s.


Pero, bajo esa apariencia frívola y algo snob de la protagonista y de la película en general, se escondía una historia mucho más cruda sobre personajes solitarios y faltos de afecto. La encantadora Holly, tan glamourosa ella, no era más que una chiquilla asustada que se prostituía a maduros ricachones para que la ofrecieran poder llevar una vida de ruido y diversión y así evitar dejarla mucho tiempo a solas consigo misma.



Basada en la novela homónima de Truman Capote, la película no convenció demasiado a éste, ya que consideró que habían transformado su tragicomedia sobre una prostituta en una simplona postal de Nueva York. Así mismo, tampoco estuvo muy convencido con la elección de Audrey Hepburn para encarnar a su protagonista femenina, ya que él pretendía a toda costa que fuera su amiga Marilyn Monroe quién se alzara al final con el papel, pero ésta lo rechazó porque quería alejarse de los papeles de frívola que tanta fama le habían dado y que tanto la habían encasillado en Hollywood. Hay incluso fotos suyas con un look muy similar al de Audrey en el film, quizás Marilyn llegara a hacer algunas puebas fotográficas para el papel, antes de rechazarlo definitivamente.




¿Hubiera llegado a tener tanto éxito esta película si la actriz principal hubiera sido ella en vez de Audrey Hepburn? ¿Era un papel ideal para ser protagonizado por Marilyn? La verdad es que yo sí me la llego a imaginar encarnada en Holly Golightly, ya que a pesar de que físicamente era muy distinta a Audrey, es innegable que al igual que ésta desprendía ese aire tan ingenuo y desvalido que invitaba a protegerlas y que hizo que ambas llegaran a ser las actrices más carismáticas del cine.

Al final, y en contra de la opinión de Capote, fue Hepburn quién consiguió el papel, el cual la consagró definitivamente como una de las mejores actrices de la historia llegando a ser su papel más representativo y uno de los personajes femeninos más importantes y emblemáticos del cine americano.

 Un icono irrepetible.



"Los días rojos son terribles y en esos momentos lo único que me viene bien es ir a Tiffany's, porque nada malo me puede ocurrir allí. "

"No se puede leer una cosa así sin llevar los labios pintados."


sábado, 16 de junio de 2012

Original versus Remake: Abre los ojos / Vanilla Sky.


Nunca he tenido nada en contra de los remakes, es más, creo que en algunos casos, éstos me han gustado más que la propia película original, bien porque se ha dado un giro argumental inesperado diferente al de su predecesora o bien por el estilo a la hora de rodar unido a un mejor reparto. Lo que nunca he entendido, es por ejemplo, calcar una película plano a plano utilizando los mismos diálogos de la original, cambiando únicamente a los actores o el escenario. ¿Qué propósito tiene hacer algo así? Pues básicamente, supongo que el de hacer más dinero, pero sólo eso. Sea como fuere, lo cierto es que hay remakes que me gustan mucho, por ejemplo, el caso de "Calma Total" (remake de la ópera prima de Roman Polanski "El cuchillo en el agua"). Película, a la que no considero una mera copia calcada del original, si no, una obra  nueva y fresca que ha tomado como referente otra ya realizada. Sin embargo, esto no me ocurre con las dos películas que hoy traigo a colación: Abre los Ojos de Alejandro Amenábar y su remake americano Vanilla Sky de Cameron Crowe.

La primera vez que vi Abre los Ojos fue en el año de su estreno en los cines, allá por 1997 y desde el primer momento, la consideré como una de las mejores películas del cine español actual. Me pareció una historia originalísima, una mezcla de drama, romance y ciencia ficción que dejaba patente el talento de un joven Alejandro Amenábar, que con sólo 26 años, volvía a deslumbrar a crítica y público tras su debut con Tesis dos años antes. La historia de César (Eduardo Noriega) un joven de 25 años, niño rico, guapo y pijo, que tras sufrir un accidente provocado por su despechada amante, quedaba desfigurado y veía como todo su entorno y él mismo, empezaban a darle de lado, viviendo una auténtica pesadilla hasta que un inesperado día todo volvía misteriosamente a encarrilarse de nuevo, nos sedujo a la mayoría del público. Por eso, siempre he estado reticente a ver su remake americano, realizado sólo 4 años más tarde y producida  y protagonizada por el histriónico Tom Cruise. Siempre he intuído, no solo por las malas críticas que ha cosechado el film si no porque creo que la original es insuperable, que Vanilla Sky no me iba a gustar ni un pelo y así ha sido.

Últimamente, no estoy teniendo mucho ojo en elegir los films que veo, éste es otro caso más, aunque como me he obligado a ver cada semana al menos una peli en inglés, y viendo la poca oferta que por H o por B tengo últimamente en donde vivo, pues me tragué esta visión yanqui, azucarada y empalagosa de la fascinante "Abre los ojos". Con lo que me he quedado más anonadada, es que leyendo por internet críticas de ambos films, haya mucha gente que siga prefiriendo la versión de Cameron antes que la de Amenábar. ¿Prejuicios ante el cine español una vez más? ¿Consumición palomitera antes que de cine de verdad? Yo, me temo que sí. Y resumo las características principales de ambas películas, para que veais por qué me decanto en este caso, por la original.

Mientras que en Abre los Ojos, la trama, la atmósfera, las interpretaciones y la música (compuesta también por Amenábar) iban de la mano en todo momento, creando un conjunto armónico donde la historia se desarrollaba en tono de intriga con dosis de romance y drama hasta ese conocido final de ciencia ficción fantástico y a la vez desconcertante, en Vanilla Sky, utilizando los mismos diálogos (absolutamente calcados), se prescinde de todo lo mencionado en Abre los Ojos, lo que a mi juicio, da lugar a la buena película que es. Es decir, en Vanilla Sky, la tragedia romántica de Abre los ojos se endulza hasta el empalago quitando toda credibilidad como si en el universo personal de Tom Cruise no pudiera existir la tristeza del desamor. La intriga en Vanilla Sky brilla por su ausencia ya que el tono de la película a veces parece más comedia que otra cosa. Las escenas más intrigantes de Abre los Ojos, en el remake llegan a producir la carcajada, como aquellas en donde los personajes femeninos se intercalan y desconciertan al protagonista que cree que se está volviendo loco o que intentan conspirar contra él.

El subyugante y oscuro personaje de Najwa Nimri (Nuria) es encarnado en Vanilla Sky por una Cameron Díaz que no para de reírse y patalear en todo momento, sin la más mínima credibilidad o desgarro hacia su personaje, parece que está ahí sólo para lucir piernas. E incluso el personaje de Penélope Cruz (Sofía) siendo el mismo en ambas cintas y repitiendo casi los mismos diálogos, se ve completamente diferente en las dos versiones. En Abre los Ojos, Sofía era dibujada como una chica en principio sencilla y encantadora que se enamoraba del niño rico, pero que más tarde, al quedar éste desfigurado, mostraba ante él un auténtico desdén o peor aún, lástima y algo de repulsión. Sin embargo, en Vanilla Sky, su personaje se muestra en todo momento compasivo y enamorado, e incluso al final, el guión se empeña en dejar patente que Sofía nunca jamás se olvidó del amor del protagonista. Algo totalmente inverosímil. Y eso por no hablar del personaje principal,  y eso que a mí Eduardo Noriega nunca me ha terminado de convencer del todo como actor, ni si quiera en esa película, pero es que lo que hizo Tom Cruise con su César (en este caso David) sobrepasa lo ridículo. Como he leído en alguna crítica, la mejor definición sobre la interpretación de Tom Cruise en Vanilla Sky es la de "un payaso con careta": Siempre riendo, siempre mostrando lo simpático y carismático que es, siempre interpretándose a sí mismo. Ni tan siquiera el maquillaje está a la altura en Vanilla Sky ya que mientras Eduardo Noriega lucía un rostro totalmente desfigurado, Tom Cruise se limita a lucir una sonrisa torcida y una chepa algo incipiente. De nuevo, algo totalmente inverosímil e incomprensible. El resto de personajes secundarios, los encarnados por Fele Martínez (amigo del protagonista) y Chete Lera ( psicólogo de César) tampoco destacan en la versión americana, siendo representados por Jason Lee y Kurt Russell respectivamente, de nuevo, y como pasa con los otros personajes mencionados, éstos también se muestran mucho más benevolentes y edulcorados en Vanilla Sky.

Aunque sin duda alguna lo que más me desconcertó (era normal, por otra parte, que en el remake todo se volviera un terrón de azúcar con semejante título y con Tom Cruise de protagonista) fue el uso de la música. Porque, vamos a ver, ¿qué pintan los Beach Boys en las escenas más desgarradas de la película? Definitivamente Cameron Crowe, dando siempre ese aire popero a sus películas, también fue el director equivocado en esta ocasión.

Ni si quiera una de las escenas más recordadas de Abre los Ojos, que es aquella de la Gran Vía vacía en plena hora punta, es mejorada en su versión americana, con esa Quinta Avenida neoyorkina llena de luces y con Tom Cruise levantando los brazos al cielo. Pierde todo el encanto de la escena original.

Dijo Cameron Crowe, que él en ningún momento quiso hacer una copia exacta de la obra de Amenábar, si no que él quiso mostrar ante todo una historia de amor, cómo un hombre se da cuenta de sus equivocaciones, de su vanidad y es redimido por el amor. Vale, a mí me parece estupenda esta idea, pero entonces si no quieres mostrar la misma historia ¿por qué utilizar los mismos diálogos? ¿por qué repetir escenas exactamente iguales a las originales? Así, a mí el resultado conseguido, lo único que me parece, es una especie de caricatura de la película original, no una película distinta basada en el mismo argumento.

En definitiva, Vanilla Sky carece de todo lo bueno que tiene Abre los ojos lo que la hace estar tan por debajo de la obra española siendo pues, un producto más que fallido por mucha popularidad que alcanzase en su estreno, más creo yo por el morbo de la relación de aquel momento Cruz-Cruise que por su calidad como película.

martes, 12 de junio de 2012

SHAME


Título Original: Shame.
País: USA:
Director: Steve MacQueen.
Reparto: Michael Fassbender, Carey Mulligam, James Badge-Dale, Nicole Beharie.
Género: Drama.

Debe ser que no le he cogido aún el punto a este tipo de cine...Eso es lo que pensaba yo mientras transcurrían los escasos 99 minutos (los cuales me parecieron 99 horas) de la que ha sido considerada como la película más provocadora y perturbadora del año por gran parte de la crítica, e incluso tildada de Obra Maestra, por otros tantos. Además: Copa Volpi del Festival de Venecia y varias nominaciones al mejor intérprete para el actor de moda, Michael Fassbender y un sinfín de reconocimientos allá donde fue preestrenada. Yo, al igual que otros muchos, suelo ir un tanto contracorriente, a veces, en esto del Cine y más cuando casi toda la crítica respalda a una película de estas características y con un argumento de tales dimensiones dramáticas, suelo echarme a temblar, o más bien, suelo perder el interés en la misma. Eso me ha estado ocurriendo durante todo el año con esta cinta, hasta que el otro día, vi montones de copias suyas en las estanterías de un videoclub y debido a la poca oferta interesante que la acompañaba, decidí alquilarla. Craso error, porque me aburrió muchísimo.Y es que este tipo de cine,  ya digo, nunca ha sido del todo de mi agrado, un cine al que yo me suelo referir como "pon buenos actores y échate a dormir": Cine sin guión, cine sin historia, cine lento, cine repetitivo y supuestamente intenso e intelectual, pero que a mí, salvando dos o tres films de dichas características, me resulta vacío, falto de esencia, de vida.


Y es que la triste historia de Brandon (Michael Fassbender) un treintañero neoyorkino, atractivo, con un buen trabajo, un pisazo y un aparente nivel intelectual por encima de la media, pero que sin embargo, es adicto al sexo y a la consumición de pornografía, me ha resultado bastante simplona en su desarrollo. Por ejemplo, los primeros diez minutos de la película, consisten básicamente en la repetición de escenas: Brandon termina de tener sexo o con una amante casual o con una protituta, corre las cortinas, enciende el contestador a través del cual su hermana reclama su atención, se ve a Brandon viendo pornografía, o masturbándose en un baño público o en su casa, y ya. Así durante bastantes minutos. La historia no empieza a arrancar y a mostrar "algo diferente" hasta que no llega la inesperada visita de su hermana Sissy (Carey Mulligam). Después de ésto, la historia vuelve a decaer y a mostrarse plana de nuevo, la extraña y tormentosa relación entre los protagonistas no se muestra del todo clara, no se profundiza en nada, ni en el presente ni en el pasado de ambos ni por qué se comportan así entre ellos. Todo se queda en una sugerencia light, como si el director tuviera vergüenza (aludiendo al propio título de la película) en dejar claro que tipo de relación es la que une a los dos hermanos. Y no se trata de buscar el morbo fácil, se trata de que si decides contar una historia cruda, la cuentes, no hagas un simple boceto, lo rellenes con supuestas escenas de sexo provocador (¿de verdad que el sexo en sí mismo puede provocar a estas alturas en el cine?) y vendas la historia, como una elegante visión de una adicción, cuando en realidad, la sensación que da, es que no te has querido mojar de verdad y que no has contado nada.



A pesar de todo esto, hay escenas memorables en la película y partes de la misma que no están del todo mal. La escena del principio con la chica del metro me pareció muy erótica y sugerente y también me gustó la relación que el protagonista Brandon intenta iniciar con su compañera de trabajo, pero la cual se queda truncada al ver que no puede iniciar ningún tipo de relación sentimental, que la única forma que tiene para relacionarse con mujeres es a través del sexo, y cualquier vínculo emocional le desequilibra, estando totalmente fuera de su alcance.

En definitiva, Shame es una película demasiado discreta, donde están de más muchísimas escenas y todo se adereza con música de Bach para darle ese punto intelectual tan de moda en este tipo de obras. Y si hay algo a destacar, es la buena interpretación de ambos actores protagonistas, que se las apañan bastante bien en una película que parece estar construida sobre un boceto, más que sobre un guión.

 Mucho ruido y pocas nueces.



miércoles, 6 de junio de 2012

MI SEMANA CON MARILYN.



Título Original: My week with Marilyn.
País: Inglaterra.
Director: Simon Curtis.
Reparto: Michelle Williams, Kenneth Branagh, Eddie Redmayne, Judi Dench, Emma Watson, Julia Ormond, Dereck Jacobi.
Género: Biopic dramático.

Me ha dado fuerte estos días con el tema Marilyn Monroe, pensaréis y no está lejos de la verdad, pues como he dicho algunas veces es uno de mis iconos favoritos del cine y leo todo lo que encuentro sobre ella y procuro ver todo lo que realizan sobre su vida también. Ayer, paseándome por un videoclub de la zona, alquilé la película "Mi semana con Marilyn" un biopic light sobre su figura, centrándose en los días en que rodó la película "El príncipe y la corista" junto al actor británico Lawrence Olivier en Inglaterra, allá por el año 1956 y la relación que mantuvo con el tercer asistente del director, un joven y primerizo llamado Colin Clark el cual quedó embrujado por los encantos y la personalidad de la rubia de oro. La película está, por tanto, basada en el libro que el auténtico Colin Clark sacó a la luz  años más tarde, donde narraba cómo fue su efímero semiromance con la estrella.



De este film poco hay que señalar puesto que nada en él es muy reseñable, salvo por la actuación de una Michelle Williams magnífica, que encarna a la diva Marilyn de la mejor manera posible (si es que es posible encarnar a uno de los mayores iconos del siglo XX). Michelle no es Marilyn, of course, ni tiene ese brillo y ese carisma innato que fluía por todos los poros de la piel de nuestra Marilyn, pero hace una buena imitación de ella: copia sus gestos con delicadeza, su sensual caída de ojos, su risa franca e infantil, su porte tímido y a la vez sensual, intenta bailar como ella y moverse como ella. Creando una imitación bastante cercana a la original, con naturalidad.

He de reconocer que cuando me enteré que la actriz Michelle Williams había sido elegida para encarnar a Marilyn, me eché las manos en la cabeza. Nunca me ha gustado mucho esta actriz, ya que siempre me ha parecido un poco insípida y demasiado recatada, como acostumbra a aparecer en los diferentes eventos a los que asiste. Pero ahora reconozco que hizo un buen trabajo y que posiblemente haya sido la elección correcta, puesto que Michelle tiene ese halo de inocencia e ingenuidad que desprendía Marilyn y el aspecto físico es subsanado con un buen maquillaje y unos cuantos postizos y rellenos (dudo mucho que la auténtica Michelle tenga la generosa anatomía que luce encarnada en la Monroe). No creo que Scarlett Johansson (candidata al papel) hubiera sido una elección mejor, ya que a pesar de poseer de forma natutal un parecido con Marilyn mucho mayor, a ella la veo demasiado mujer fatal, demasiado agresiva para interpretar a un Marilyn llena de fragilidad y temor, como se encontraba durante su estancia en Inglaterra.



El resto de la película me dejó un poco fría. Me pareció demasiado plana y llena de tópicos. El rodaje de "El principe y la corista" fue literalmente un infierno. Marilyn, lejos del glamour hollywoodiense, tuvo que trasladarse a la gris Inglaterra para el rodaje. Su relación con su partenaire en el film, Lawrence Olivier (aquí encarnado por Kenneth Branagh) era más que tirante, insoportable. Olivier un consagrado actor británico no estaba dispuesto a consentir los desvaríos depresivos de la diva, su continuos olvidos de guión, su cotidiana tardanza ni tampoco soportaba la omnipresente y asfixiante presencia de Paula Strasberg, tutora de "El método Stanislavski" de Marilyn, que la acompañaba allá donde fuera y que para la actriz era algo así como una segunda madre. En la película, dicha relación entre ambos actores queda patente aunque se perfila a un Olivier mucho más suavizado y condescendiente con la diva de lo que fue en realidad. Los secundarios tampoco aportan gran cosa, puesto que sus personajes son meros satélites que giran en torno al personaje principal,  a pesar de contar con actrices de la talla de Judi Dench, la joven Emma Watson o Julia Ormond encarnando a la esposa de Olivier, la actriz Vivien Leigh (a qué miembro del casting se le ocurrió tal disparate?). Ni tampoco la historia de amor entre Monroe y Clark (Eddie Redmaine) sea para echar chispas, ya que es presentada de una forma algo irreal y edulcorada.



En fin, el resultado final no pasa de ser un ligero (y corto) biopic sobre la diva en uno de sus momentos más bajos en los que clichés como su adicción a los barbitúricos, su desde casi el inicio, fallido matrimonio con Arthur Miller, abortos naturales y fantasmas internos, acompañan a una Michelle Williams que se esfuerza de buena gana y valentía en hacer una buen interpretación, pero que  el conjunto tampoco aporta nada nuevo sobre la vida de la estrella, esa figura fascinante, llena de carisma, de luz y de sombras, que como ella misma se definió, era una persona triste, amargada, pero a la vez, risueña y llena de vida.

Para incondicionales.

Fotos Promocionales del Film:





martes, 5 de junio de 2012

UNA HERMOSA NIÑA.

        (Relato de Truman Capote sobre un día junto a su amiga Marilyn Monroe incluido en el libro "Música para Camaleones"-1980)


“Oh, sí”, me informó Miss Collier. “Tiene algo. Es una hermosa niña. No lo digo por lo obvio, tal vez demasiado obvio. No es una actriz, en absoluto, en el sentido tradicional. Lo que ella tiene, esa presencia, esa luminosidad, esa inteligencia deslumbrante, nunca podría salir a relucir en el escenario. Es algo tan frágil, tan sutil, que sólo la cámara puede captarlo. Es como un colibrí en vuelo: sólo la cámara puede congelar su poesía. Pero quien piense que la chica es otra Harlow, o una puta, está loco. Hablando de locura, es de eso que nos estamos ocupando: de Ofelia. Supongo que la gente se reiría de sólo pensarlo, pero realmente podría ser la Ofelia más deliciosa del mundo. Estaba hablando con Greta la semana pasada, y le hablé de Marilyn como Ofelia, y Greta dijo sí, que lo creía porque la había visto en dos películas, muy comunes y vulgares, pero que de todos modos dejaban entrever las posibilidades de Marilyn. En realidad, Greta tiene una idea divertida. ¿Sabes que quiere hacer una película de Dorian Gray? Con ella como Dorian, por supuesto. Bueno, dijo que le gustaría que Marilyn fuera una de las chicas que Dorian seduce y destruye. ¡Greta! ¡Tan desaprovechada! Y qué talento, bastante parecido al de Marilyn, cuando se piensa. Por supuesto, Greta es una actriz consumada, de máximo control. Esta hermosa criatura carece de todo concepto de disciplina o sacrificio. No sé por qué, pero me parece que no llegará a vieja. Es absurdo que lo diga, pero siento que morirá joven. Espero, ruego, que viva lo suficiente para liberar ese talento tan extraño y encantador que es en ella como un espíritu prisionero.”Ahora Miss Collier ha muerto, y yo estaba en el vestíbulo de la capilla Universal esperando a Marilyn. Hablamos por teléfono la noche anterior y quedamos en sentarnos juntos en el servicio, que empezaría al mediodía. Ya llevaba más de media hora de retraso. Siempre llegaba tarde, pero pensé que, por una sola vez, podía llegar a horario. ¡Por el amor de Dios! ¡Maldición! De repente llegó, pero no la reconocí hasta que me dijo...

MARILYN: Querido, perdóname. Pero como ves, me maquillé y luego pensé que no debería ponerme pestañas postizas ni pintarme los labios ni nada, de modo que me lavé la cara, y no sabía qué ponerme...

(Lo que se había puesto finalmente habría sido apropiado para la abadesa de un convento que asiste a una audiencia privada con el Papa. Tenía el pelo totalmente cubierto por un pañuelo de chifón negro, un vestido negro suelto, largo, que parecía prestado, medias de seda negra que opacaban la rubia belleza de sus esbeltas piernas. Seguro que una abadesa no se habría puesto los zapatos de tacos altos, negros y vagamente eróticos, que había elegido, ni los anteojos oscuros, de lechuza, que tornaban dramática la palidez de vainilla de su fresca piel.)

TC: Se te ve muy bien.

M (royendo la uña del pulgar, ya totalmente comida): ¿Estás seguro? Estoy tan nerviosa, ¿sabes? ¿Dónde está el baño? Si pudiera ir un momento...

TC: ¿A tomarte una píldora? ¡No! Shhh. Esa es la voz de Cyril Ritchard: ya ha empezado el panegírico.

(De puntillas, entramos en la capilla llena de gente y logramos ubicarnos en un espacio estrecho en la última fila. Cyril Ritchard terminó de hablar. Lo siguió Cathleen Nesbitt, colega de toda la vida de Miss Collier, y finalmente Brian Aherne se dirigió a los presentes. Durante todo este tiempo, mi acompañante no cesaba de quitarse los anteojos para enjugar las abundantes lágrimas que brotaban de sus ojos azul grisáceos. Algunas veces la había visto sin maquillaje, pero hoy presentaba una nueva experiencia visual, un rostro que no había observado antes, y al principio no me di cuenta de qué pasaba. ¡Ah! Era por el pañuelo de cabeza. Con el pelo oculto, el cutis sin cosméticos, parecía de doce años, una virgen pubescente recién admitida en un orfelinato, que se lamenta por su suerte. Por fin la ceremonia terminó, y la congregación comenzó a dispersarse.)

M: Por favor, sentémonos aquí. Esperemos a que se vayan todos.

TC: ¿Por qué?

M: No quiero tener que hablar con todo el mundo. Nunca sé qué decir.

TC: Siéntate tú aquí, que yo esperaré afuera. Tengo que fumar un cigarrillo.

M: ¡No me puedes dejar sola! ¡Dios mío! Fuma aquí.

TC: ¿Aquí? ¿En la capilla?

M: ¿Por qué no? ¿Qué vas a fumar? ¿Marihuana?

TC: Muy graciosa. Vámonos.

M: Por favor. Hay un montón de fotógrafos abajo. Y por supuesto que no quiero que me saquen fotos con esta ropa.

TC: No te culpo.

M: Dijiste que se me veía muy bien.

TC: Y es verdad. Estás perfecta para el papel de la novia de Frankenstein.

M: Te estás riendo de mí ahora.

TC: ¿Te parece?

M: Te ríes por dentro. Y ésa es la peor clase de risa. (Frunciendo el ceño; mordiéndose la uña del pulgar.) En realidad, podía haberme puesto maquillaje. Todo el mundo aquí estaba maquillado.

TC: Incluso yo.

M: Hablando en serio. Es el pelo. Necesito tintura, y no tuve tiempo. Todo fue tan inesperado. La muerte de Miss Collier. ¿Ves?

(Se levantó un poquito el pañuelo para mostrarme una franja negra en la raya del pelo.)

TC: Pobre e inocente de mí. Yo que creía que eras una rubia auténtica.

M: Lo soy. Pero nadie es tan natural. ¿Por qué no te vas a la mierda?

TC: Bueno, ya se han ido todos. Vamos, levántate.

M: Estos fotógrafos están ahí todavía. Lo sé.

TC: Si no te reconocieron al entrar, no te reconocerán cuando salgas.

M: Uno me reconoció. Pero me metí por la puerta antes de que empezara a gritar.

TC: Debe haber una puerta posterior. Podemos salir por ahí.

M: No quiero ver ningún cadáver.

TC: ¿Por qué vamos a ver cadáveres?

M: Esto es una funeraria. Deben guardarlos en alguna parte. Lo único que me falta, entrar en un cuarto lleno de muertos. Ten paciencia. Iremos a alguna parte y te invitaré a tomar champagne.

(De modo que nos quedamos sentados y Marilyn dijo: “Odio los funerales. Me alegro de no tener que ir al mío. Sólo que no quiero funeral, y que uno de mis hijos, si tengo alguno, tire mis cenizas al viento. Hoy no habría venido de no ser porque Miss Collier me quería, se preocupaba por mi porvenir y era como una abuelita, una abuelita severa, pero que me enseñó muchas cosas. Me enseñó a respirar. Lo he aprovechado, y no sólo cuando actúo. Hay otros momentos cuando respirar es un problema. Pero cuando me enteré de la muerte de Miss Collier, lo primero que pensé fue: Oh, Dios mío, ¿qué pasará con Phyllis? Miss Collier era toda su vida. Pero me enteré de que se fue a vivir con Miss Hepburn. Feliz de Phyllis. Lo pasará tan bien ahora. Me gustaría cambiar con ella. Miss Hepburn es una persona maravillosa. En serio. Ojalá fuera amiga mía. Podría llamarla a veces y... bueno, no sé, charlar con ella”.

Hablamos de cómo nos gustaba Nueva York y de cuánto aborrecíamos Los Angeles. “Aunque nací ahí, no se me ocurre nada bueno que decir de Los Angeles. Si cierro los ojos, y me imagino Los Angeles, todo lo que veo es una gran várice.” Hablamos de actores y actuaciones. “Todos dicen que no sé actuar. Decían lo mismo de Elizabeth Taylor. Y se equivocaron. Estuvo magnífica en Ambiciones que matan. A mí nunca me darán el papel apropiado, algo que realmente quiera hacer. No me ayuda el aspecto físico. Demasiado específico”; hablamos un poco de Elizabeth Taylor; quería saber si yo la conocía y le dije que sí, y ella dijo bueno, cómo es, cómo es en realidad, y yo dije bueno, es algo parecida a ti, es muy franca y dice cualquier cosa, y Marilyn dijo vete a la mierda y me dijo bueno, si alguien me preguntara cómo era Marilyn Monroe, cómo era Marilyn Monroe en realidad, qué diría, y le dije que tenía que pensarlo.)

TC: ¿Te parece que podemos irnos de una vez? Me prometiste champagne, ¿recuerdas?

M: Recuerdo. Pero no tengo dinero.

TC: Siempre llegas tarde y nunca tienes dinero. Por casualidad, ¿no estás bajo la impresión de que eres la reina Isabel?

M: ¿Quién?

TC: La reina Isabel. La reina de Inglaterra.

M (frunciendo el ceño): ¿Qué tiene esa mierda que ver conmigo?

TC: La reina Isabel nunca lleva dinero encima. No le está permitido. El vil metal no debe mancillar la palma de la mano real. Hay una ley, o algo así.

M: Ojalá pasaran una ley parecida para mí.

TC: Sigue así y a lo mejor sucede.

M ¿Cómo paga cuando va de compras?

TC: Su dama de compañía trota a su lado con una bolsa llena de peniques.

M: ¿Sabes una cosa? Te apuesto a que le dan todo gratis. Como pago cuando ella dice que usa el producto.

TC: Es muy posible. No me sorprendería en lo más mínimo. Proveedores de Su Majestad. Perros galeses. Todas esas golosinas Fortum & Mason. Marihuana. Preservativos.

M: ¿Para qué quiere ella preservativos?

TC: Ella no, tonta. Para ese bobo que la sigue dos pasos atrás. El príncipe Felipe.

M: Para él. Oh, sí, me gusta. Debe tener un lindo aparato. ¿Te conté esa vez que Errol Flynn sacó el aparato y tocó el piano con él? Bueno, fue hace cien años. Yo recién empezaba y fui a una fiesta tonta. Estaba Errol Flynn, muy contento consigo mismo. Aporreó las teclas. Tocó Eres mi rayo de sol. ¡Cristo! Todo el mundo dice que Milton Berle tiene el schlong más grande de Hollywood. Pero ¿a quién le importa? Eh, ¿tienes dinero encima?

TC: Unos cincuenta dólares.

M: Eso nos debe alcanzar para un poco de champagne.

(Afuera, Lexington estaba vacía de sospechosos: nada más que inofensivos transeúntes. Eran como las dos de una linda tarde de abril, ideal para caminar. Deambulamos hasta la Tercera Avenida. Unos pocos dieron vuelta la cabeza, no porque reconocieran a Marilyn como Marilyn, sino debido a su atavío funerario. Ella rió con esa sonrisa suya tan especial, tentadora como cascabeles, y dijo: “A lo mejor siempre debería vestirme así, verdaderamente anónima”.

Mientras nos acercábamos al bar de P. J. Clarke, dije que éste sería un buen lugar para tomar un refresco, pero Marilyn lo vetó. “Está lleno de esos idiotas de publicidad. Y esa perra Dorothy Kilgallen siempre está allí, emborrachándose. ¿Qué les pasa a estos irlandeses? Chupan más que los indios.”

Me sentí obligado a defender a la Kilgallen, que era algo amiga mía, y dije que en ocasiones podía llegar a ser muy graciosa. Marilyn dijo: “Sea como sea, ha escrito cosas terribles acerca de mí. Todas esas perras me odian. Hedda, Louella. Sé que supuestamente una debe acostumbrarse a eso, pero yo no puedo. Lo que dicen, duele. ¿Qué he hecho yo a esas brujas? El único que escribe cosas decentes de mí es Sidney Skolsky. Pero él es hombre. Los tipos me tratan bien. Como si fuera un ser humano. Por lo menos me otorgan el beneficio de la duda. Y Bob Thomas es un caballero. Y Jack O’Brian”.

Miramos las vidrieras de las tiendas de antigüedades. En una había una bandeja con anillos viejos y Marilyn dijo: “Ese es bonito. El granate con las perlitas. Me gustaría poder usar anillos, pero no me gusta que la gente se fije en mis manos. Son demasiado gordas. Elizabeth Taylor tiene las manos gordas. Pero con los ojos que tiene, ¿quién se va a fijar en sus manos? Me gusta bailar desnuda frente a un espejo y ver cómo se me mueven las tetitas. No son feas. Ojalá no tuviera las manos tan gordas.”

En otra vidriera vimos un hermoso reloj de péndulo, lo que le hizo decir: “Nunca tuve un hogar. Una casa verdadera, con muebles míos. Pero si vuelvo a casarme, y gano mucho dinero, voy a alquilar un par de camiones y recorreré la Tercera Avenida comprando todo lo que se me ocurra. Una docena de relojes de péndulo. Los pondré todos en un cuarto, y todos a la misma hora. Eso sería como un verdadero hogar. ¿No te parece? ¡Eh! ¡Mira! ¡Enfrente!”

TC: ¿Qué?

M: ¿Ves el letrero con la palma de la mano? Ahí deben leer el futuro.

TC: ¿Tienes ganas de entrar?

M: Bueno, vamos a ver cómo es.

(No es un lugar acogedor. Por una vidriera sucia percibimos un cuarto desprovisto de muebles con una mujer flaca, con aspecto de gitana, sentada en una silla de lona debajo de una lámpara roja como el infierno que colgaba del techo y que esparcía un brillo torturador. Estaba tejiendo un par de escarpines. No nos miró. Marilyn estuvo a punto de entrar, luego cambió de idea.)

M: Hay veces que me gusta saber qué pasará. Pero después pienso que es mejor no saberlo. Me gustaría saber dos cosas, sin embargo. Una, si voy a adelgazar.

TC: ¿Y la otra?

M: Es un secreto.

TC: Vamos, vamos. Hoy no puede haber secretos. Hoy es un día de dolor, y los que sufrimos compartimos los pensamientos más recónditos.

M: Bueno, es acerca de un hombre. Hay algo que quiero saber. Pero no diré más. Realmente es un secreto.

(Y pensé: Eso es lo que tú crees. Ya te lo sacaré.)

TC: Estoy preparado para invitarte con champagne.

(Terminamos en la Segunda Avenida, en un restaurante chino vacío, decorado chillonamente. Pero tenía un bar bien provisto, y pedimos una botella de Mumm. Llegó, pero sin helar y sin balde. La tomamos en vasos altos, con cubitos adentro.)

M: Esto es divertido. Como filmar en exteriores. Si a una le gusta. A mí no. Niagara. Qué película mala. Horrible.

TC: Hablemos de tu amor secreto.

M: (silencio).

TC: (silencio).

M: (risitas).

TC: (silencio).

M: Conoces a tantas mujeres. ¿Cuál es la mujer más atractiva que conoces?

TC: Barbara Paley. No tiene rival.

M (frunciendo el ceño): ¿Esa a la que le dicen “Babe”? A mí no me parece una beba. La he visto en Vogue. Es elegante. Encantadora. Mirando las fotos una se siente como una chancha.

TC: Le divertiría oír eso. Te tiene celos.

M: ¿Celos de mí? Te estás burlando de nuevo.

TC: No. Está celosa.

M: Pero ¿por qué?

TC: Por lo que dijo en los diarios una periodista, creo que la Kilgallen. Algo así: “Se rumorea que Mrs. Di Maggio tuvo una cita con el mayor magnate de la televisión, y no precisamente para hablar de negocios”. Ella leyó la nota y creyó que era verdad.

M: ¿Que era verdad qué?

TC: Que su marido tiene un asunto contigo. William S. Paley. El mayor magnate de la televisión. Le gustan las rubias bien formadas. Las morochas también.

M: Eso es un disparate. No conozco a ese tipo.

TC: Ah, vamos, vamos. Conmigo puedes ser franca. Este amante secreto es William S. Paley, n’est-ce pas?

M: ¡No! Es un escritor. El es un escritor.

TC: Eso es mejor. Ya vamos a alguna parte. De modo que tu amante es un escritor. Debe de ser malísimo, o no te avergonzarías de decirme su nombre.

M (furiosa, frenética): ¿Por qué es la “S”?

TC: La “S”. ¿Qué “S”?

M: La “S” en William S. Paley.

TC: Oh, esa “S”. No quiere decir nada. La metió allí porque quedaba bien.

M: ¿Sólo una inicial que no reemplaza nada? Por Dios. Mr. Paley debe de ser un poquito inseguro.

TC: Tiene un montón de tics. Pero volvamos a tu misterioso escriba.

M: ¡Basta! No entiendes. Tengo tanto que perder.

TC: Mozo, otra botella de Mumm, por favor.

M: ¿Estás tratando de aflojarme la lengua?

TC: Sí. Te diré una cosa. Hagamos un trato. Yo te cuento un cuento, y si te parece interesante, tal vez podamos hablar de tu amigo el escritor.

M (tentada, pero renuente): ¿Un cuento de qué?

TC: De Errol Flynn.

M: (silencio).

TC: (silencio).

M (enojada consigo misma): Bueno, empieza.

TC: ¿Recuerdas lo que me contaste de Errol? ¿Lo contento que estaba con su pito? Yo soy testigo de eso. Una vez pasamos juntos una noche muy agradable. Si me entiendes.

M: Lo estás inventando. Estás tratando de engañarme.

TC: Lo juro. Estoy jugando limpio. (Silencio. Pero veo que está muy interesada, de modo que después de encender un cigarrillo, prosigo.) Bueno, sucedió cuando yo tenía dieciocho años. O diecinueve. Durante la guerra. El invierno de 1943. Esa noche daba una fiesta Carol Marcus, que no sé si ya estaba casada con Saroyan, en honor de su mejor amiga, Gloria Vanderbilt. La fiesta fue en la casa de su madre, en Park Avenue. Una gran fiesta. Habría unas cincuenta personas. Como a la medianoche entra Errol Flyn con su doble, un playboy que hacía las escenas de capa y espada, llamado Freddie McEvoy. Los dos estaban bastante borrachos. De todos modos, Errol se puso a charlar conmigo. Era inteligente, y nos reíamos mucho. De pronto dijo que quería ir a El Morocco, y por qué no iba con él y con su amigo McEvoy. Dije que sí, pero McEvoy no quería irse de la fiesta, que estaba llena de jovencitas recién presentadas en sociedad, de manera que Errol y yo nos fuimos solos. Sólo que no fuimos a El Morocco. Tomamos un taxi hasta la zona de Gramercy Park, donde yo tenía un departamento de un ambiente. Se quedó hasta el día siguiente, al mediodía.

M: Y ¿cómo calificarías? ¿En una escala de uno a diez?

TC: Francamente, si no hubiera sido Errol Flynn, ni siquiera me acordaría.

M: No es un gran cuento. No mereces el mío. Ni por asomo.

TC: Mozo, ¿y el champagne? Los dos tenemos sed.

M: Y no me has dicho nada nuevo. Ya sabía que Errol caminaba en zigzag. Tengo un masajista que es como mi propia hermana, que era masajista de Tyrone Power, y él me contó la relación que había entre Errol y Tyrone. De modo que tendrías que contarme algo mejor.

TC: Es difícil hacer tratos contigo.

M: Estoy lista a escuchar. De modo que cuéntame cuál fue tu mejor experiencia. En ese sentido.

TC: ¿La mejor? ¿La más memorable? Mejor que contestes tú primero.

M: ¡Y dices que yo soy difícil! ¡Ja! (tomando champagne) Joe no es malo. Juega bien al béisbol. Si fuera por eso, aún seguiríamos casados. Todavía lo amo. Es sincero.

TC: Los maridos no cuentan. En este juego.

M (mordisqueándose la uña; pensando, realmente): Bueno, conocí a un hombre, medio pariente de Gary Cooper. Un corredor de bolsa, no gran cosa: sesenta y cinco años, usa anteojos gruesos. No sé qué era, pero...

TC: Puedes parar ahí. Sé todo acerca de él por otras chicas. Ese viejo espadachín sigue recorriendo mundo. Se llama Paul Shields. Es el padrastro de Rocky Cooper. Se supone que es sensacional.

M: Lo es. Bueno, vivo. Tu turno.

TC: Olvídalo. No tengo por qué contarte nada. Porque ya sé quién es tu maravilla oculta: Arthur Miller. (Bajó los anteojos negros. Si las miradas mataran...)

M (tartamudeando): Pero ¿cómo? Quiero decir, nadie... Es decir, casi nadie...

TC: Hace por lo menos tres o cuatro años, Irving Drutman...

M: ¿Irving qué?

TC: Drutman. Un escritor del Herald Tribune. El me contó que tú andabas con Arthur Miller. Que estabas enamorada de él. Soy demasiado caballero para haberlo mencionado antes.

M: ¡Caballero! (tartamudeando de nuevo pero con los anteojos negros en su lugar) Tú no entiendes. Eso fue hace mucho. Eso terminó. Pero esto es nuevo. Todo es diferente ahora y...

TC: No olvides invitarme a la boda.

M: Si dices algo de esto, te mato. Te hago eliminar. Conozco un par de hombres que me harían ese favor con todo gusto.

TC: Es algo que no dudo ni por un minuto.

(Por fin regresa el mozo con la segunda botella.)

M: Dile que se la lleve. No quiero más. Quiero irme de aquí.

TC: Siento haberte molestado.

M: No estoy molesta.

(Pero lo estaba. Mientras pagaba la cuenta, fue al toilette. Deseé tener conmigo un libro para leer: sus visitas al toile-tte a veces duraban tanto como la preñez de una elefanta. Mientras pasaba el tiempo, me puse a pensar si estaría tomando píldoras tranquilizantes o estimulantes. Tranquilizantes, sin duda. Había un diario en el bar. Lo tomé. Estaba escrito en chino. Después de unos veinte minutos, decidí investigar. A lo mejor se había tomado una dosis letal, o cortado las muñecas. Encontré el baño de damas y llamé a la puerta. Dijo: “Pasa”. Estaba frente a un espejo mal iluminado. Pregunté: “¿Qué estás haciendo?”. Ella contestó: “Mirándola”. En realidad, se estaba pintando los labios color rubí. Además, se había quitado el pañuelo de la cabeza y peinado ese pelo brillante y finito que tenía.)

M: Espero que te quede bastante dinero.

TC: Depende. No como para comprar perlas, si es tu idea de hacer las paces.

M (riendo, nuevamente de buen humor. Decidí no volver a mencionar a Arthur Miller): No. Para un viaje en taxi, nada más.

TC: ¿Adónde vamos, a Hollywood?

M: Diablos, no. A un lugar que me gusta. Ya verás cuando lleguemos.

(No tuve que esperar tanto, pues no bien subimos al taxi, oí que le decía que nos llevara al muelle de la calle South, y pensé: “¿No es allí donde se toma el ferry para Staten Island?”. Y mi conjetura fue: tomó píldoras además del champagne, y está loca ahora.)

TC: Espero que no vayamos a tomar un barco. No llevo dramamine encima.

M (feliz, riendo): Vamos al muelle, nada más.

TC: ¿Puedo preguntar por qué?

M: Me gusta. Huele a otro país, y puedo dar de comer a las gaviotas.

TC: ¿Qué les darás? No tienes nada.

M: Sí, tengo la cartera llena de bizcochitos chinos. Los robé del restaurante.

TC (haciendo una broma): Sí, sí. Mientras estabas en el baño abrí uno, y el papelito de adentro era un chiste verde.

M: Por Dios. ¿Obscenidades en vez del porvenir?

TC: Seguro que a las gaviotas no les importará.

(Pasamos el Bowery. Tiendas diminutas de empeño, estaciones de donación de sangre, cuartos con camas por cincuenta centavos, pequeños hoteles sórdidos de alojamiento por un dólar, bares de blancos, bares de negros y por todas partes vagos, vagos jóvenes, ancianos vagos en cuclillas sobre la vereda sentados en medio de vidrios rotos y de vómitos, vagos apoyados contra las puertas y acurrucados como pingüinos en las esquinas. En una oportunidad, al detenernos ante una luz roja, un espantapájaros de nariz roja avanzó tambaleándose hacia nosotros y empezó a limpiar el parabrisas del taxi con un trapo húmedo que aferraba su temblona mano. Nuestro conductor protestó, gritando obscenidades en italiano.)

M: ¿Qué es esto? ¿Qué pasa?

TC: Quiere una propina por limpiar el vidrio.

M (cubriéndose la cara con la cartera): ¡Qué horrible! No lo aguanto. Dale algo. Apúrate. ¡Por favor! (Pero ya el taxi partía, derribando casi al viejo borracho. Marilyn lloraba.) Estoy descompuesta.

TC: ¿Quieres irte a casa?

M: Se ha arruinado todo.

TC: Te llevaré a casa.

M: Espera un minuto. Ya estaré bien.

(Así seguimos hasta la calle South; ya allí, el ferry anclado, la vista de Brooklyn del otro lado, las gaviotas que revoloteaban y se divertían, blancas contra el horizonte marino y el cielo veteado de vellones de nubes, diminutas y frágiles como encaje, pronto tranquilizaron su espíritu. Al bajar del taxi vimos a un hombre que llevaba a un perro chino de una correa. Era un pasajero que se dirigía al ferry. Al pasar junto a él, mi compañera se detuvo a acariciar el perro.)

EL HOMBRE (firme y poco amistosamente): No debería tocar perros desconocidos. Especialmente a éstos. Podrían morderla.

M: Los perros nunca me muerden. Sólo los humanos. ¿Cómo se llama?

EL HOMBRE: Fu Manchu.

M (riendo): Oh, como en el cine. Qué amor.

EL HOMBRE: Usted, ¿cómo se llama?

M: ¿Yo? Marilyn.

EL HOMBRE: Eso pensé. Mi mujer no me creería. ¿Me puede dar su autógrafo?

(Sacó una tarjeta y una lapicera. Utilizando su cartera como apoyo, ella escribió: Que Dios lo bendiga - Marilyn Monroe).

M: Gracias.

EL HOMBRE: Gracias a usted. Voy a mostrar esto en la oficina.

(Seguimos hasta el borde del muelle, donde nos pusimos a escuchar el ruido del agua.)

M: Yo solía pedir autógrafos. Todavía lo hago, a veces. El año pasado vi a Clark Gable sentado cerca de mí en Chasen, y le pedí que me firmara la servilleta.

(Apoyada contra un poste de amarras, la observé, de perfil: Galatea oteando las distancias no conquistadas. La brisa le esponjaba el pelo. Volvió la cabeza hacia mí con gracia etérea, como si la hiciera girar la brisa.)

TC: ¿Cuándo alimentamos los pájaros? Yo también tengo hambre. Es tarde, y no almorzamos.

M: Recuerda, te dije que si alguna vez te preguntaran cómo era yo, cómo era, en realidad, Marilyn Monroe, ¿cómo contestarías esa pregunta? (Su tono era juguetón, burlón, sin embargo sincero al mismo tiempo: quería una respuesta honesta): Apuesto a que dirías que era una palurda.

TC: Por supuesto, pero también les diría...

(Ya se iba la luz. Ella parecía desvanecerse con la claridad, mezclarse con el cielo y las nubes, retroceder y ocultarse detrás. Yo quería alzar la voz por encima de los gritos de las gaviotas y preguntarle: “Marilyn, Marilyn, ¿por qué todo tuvo que salir así? ¿Por qué es una mierda esta vida?”)

TC: Yo diría...

M: No te oigo.

TC: Diría que eres una hermosa niña.